El lema ateo, de origen londinense, ‘Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta de la vida’ y su contraataque cristiano ‘Dios sí existe. Disfruta de la vida en Cristo’ son algunos de los mensajes publicitarios que varios autobuses de nuestro país pasean por las calles de Madrid y Barcelona durante este mes de enero. En breve se unen al carro, o mejor dicho al autobús, ciudades como Valencia, Sevilla y Zaragoza. Bilbao, en cambio, que no luce publicidad en sus autobuses municipales se está planteando fórmulas alternativas. ¿Y no podría ser una de éstas, un soporte como Internet?

Tanto la campaña original como la contracampaña han convulsionado nuestra sociedad y el objetivo fundamental, abrir un debate en los medios de comunicación, ha sido cubierto, tal y como admite el presidente de la Asociación Madrileña de Ateos y Librepensadores (perteneciente a la Unión de Ateos y Librepensadores). ¿Por qué transformar la campaña publicitaria en un tema de polémica mediática? ¿Por qué no priorizar la efectividad en detrimento de la imagen? El grado de efectividad es el factor clave para medir los resultados de toda campaña publicitaria. Por tanto, datos como la cantidad de personas que la han visto, el número exacto que han mostrado interés por el mensaje e incluso su perfil, entre otros, son datos relevantes para saber si una campaña ha funcionado. Internet, sin duda, es el soporte que ofrece todas estas posibilidades.

Imaginemos que ambas campañas, la atea y la cristiana, se hubieran desarrollado en un medio como Internet. No sólo se hubiera podido saber el número de personas que la ha visto, sino a cuántas ha suscitado interés mediante los clicks recibidos en el anuncio. Además, a través de la creación de un registro, capaz de conseguir datos como el nombre, la edad, el mail y el teléfono de una persona, se hubiera podido saber el perfil de quiénes han ofrecido su apoyo voluntario a la campaña -conocer el feedback es básico para la adecuada evaluación de toda campaña publicitaria-, así como posteriormente enviarles nuevos inputs por medio de mail o móvil. Y es más, con todos estos datos se hubieran podido dirigir mensajes adaptados a un determinado target, conformado a partir de los datos declarados -como edad y sexo- y/o a partir de datos de comportamiento, lanzando por ejemplo el anuncio a todos los usuarios que visitan una web sobre ateísmo o sobre cristianismo.

El incremento de la visibilidad de una campaña es también un factor elemental. Lógicamente la controversia creada por los mensajes ha logrado que las dos campañas hayan llegado hasta los medios de comunicación -no sólo a la gente de la calle- aumentando así su visibilidad. ¿Pero dónde encontramos los datos que nos revelan el aumento real, en cifras, de esta visibilidad? El medio online es capaz de recaptar toda esta información, así como de aumentar la visibilidad de una campaña. Los foros de Internet propician el debate e intercambio de opiniones y contribuyen a extender ideas y mensajes, logrando en consecuencia que la visibilidad de una campaña aumente. En este sentido, otra vía muy efectiva es la creación de grupos de fans, como puede hacerse en redes sociales como Facebook, que permiten un aumento de visibilidad de una idea -de una campaña- entre las redes de amigos de cada persona que apoya una causa u otra, y por tanto llegando a miles de usuarios que inicialmente no se había previsto impactar.

Una campaña publicitaria puede montar un revuelo mediático, logrando llegar a un tanto por ciento muy elevado de la población. Pero si además de hacer mucho ruido, queremos medir los decibelios de este ruido, Internet es el medio que nos ofrece las herramientas para hacerlo. Medir el impacto, la visibilidad, el perfil del target, el feedback, en definitiva, obtener unos resultados para conocer la efectividad es clave para toda campaña publicitaria.

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