Desde el pasado lunes, las personas y empresas interesadas en el liderazgo y en la íntegra cultura empresarial estamos de luto. Falleció Stephen Covey, autor de “Los 7 Hábitos de la Gente Altamente Efectiva“, uno de los libros de gestión más influyentes del siglo XX según revistas como Times y Forbes. The New York Times llegó a informar que se trató del best-seller más vendido con más de 12 millones de copias en 32 idiomas en 75 países del mundo.

Durante todos estos años Covey ha sido una fuente de optimismo y lecciones éticas que han logrado replantearnos a muchos de nosotros qué rumbo le estamos dando a nuestra vida personal y profesional para poder corregir a tiempo nuestros errores. Sus palabras se fundamentan en principios y valores que han cosechado el éxito de todo aquel que las ha puesto en práctica. Consejos que comprenden el ámbito laboral, familiar, meditaciones personales…

filter-407151_640El fundador de Franklin Covey Company (originariamente Covey Leadership Center) nos ha dejado a la humanidad una herencia de incalculable valor: sus enseñanzas sobre liderazgo basadas en su propia experiencia así como, su compañía. Franklin Covey Company imparte cursos y seminarios a nivel mundial sobre optimización de la gestión del tiempo, herramientas para aumentar la productividad y formación de gestión de negocio, sea tanto para individuos, como para compañías.

Por esta razón, hoy quería rendirle un pequeño tributo aprovechando este espacio de blog personal. Sin más, os dejo con los 7 Hábitos de la Gente Altamente Efectiva, su reflexión más reconocida que define su modo de ser y su voluntad en querer mejorar este mundo. Si aplicamos esta conducta encontraremos la autenticidad de cada uno de nosotros y podremos a actuar generosamente, de un modo ordenado y bajo un aprendizaje continuo.

- Hábito 1: Ser proactivo. Esta mentalidad hace que nuestra vida sea producto de nuestros valores y no de nuestros sentimientos. Nosotros tenemos la predisposición para tomar decisiones, no debemos dejar que nos condicionen, ya sea por nuestros estados de ánimo, impulsos o la actitud de las personas que nos rodean. Una persona proactiva asume responsabilidades, tiene la capacidad de elegir sus propias respuestas.

- Hábito 2: Comenzar con un fin en mente. El hábito es tener una imagen mental, un panorama de dónde queremos llegar, lo que hace posible que nuestra vida tenga razón de ser. Para una compañía sería la visión que tiene de su futuro, de modo que puede ir encaminando sus acciones a ese fin.

- Hábito 3: Poner primero lo primero. Gracias al hábito nº 2 podemos decidir qué es lo principal (objetivo que cumplir) y, siguiendo estos pasos, tendremos la suficiente disciplina y el compromiso para trabajar en esta acción. No obstante, hoy en día, existe el peligro de quedarse atrapado en los poderosos sistemas de valores sociales y acabamos amoldando nuestra agenda a esta cultura. No caigamos en el error de no cuestionarnos nunca si nuestra vida nos la hemos creado nosotros o hemos acabado siendo producto del sistema.

- Hábito 4: Pensar en ganar/ganar. Es el hábito del beneficio mutuo. Consigue crear mucho en todo aquello que te propongas para poder compartir, no nos tenemos que sentir amenazados por la fuerza de otras personas. Con nuestros objetivos y los objetivos de los demás se consigue el bien común, la convivencia perfecta entre la humanidad.

- Hábito 5: Buscar primero entender para después ser entendido. Antes de tomar una decisión y comunicarla a los demás, entiende. Infórmate, compara, escucha, aprende…

- Hábito 6: ‘Sinergizar’ es el hábito de la cooperación creativa. Es el principio de valorar las diferencias, no simplemente aceptarlas. Se tiene que celebrar esta diversidad. Una compañía exitosa escucha y valora todos los puntos de vista de los integrantes y, como consecuencia, mejora sus estrategias y resultados.

- Hábito 7: Afilar la sierra. Es el principio de aprendizaje continuo, del progreso y la mejora constante. Está basado en la teoría que como seres humanos tenemos la capacidad de cargar nuestra propias baterías. Si dejamos que nuestra ‘cuchilla’ se desafile, significará que estamos dejando que nuestra mente se atrofie, con placeres fáciles, en vez de una vida de contribución y servicio. Este hábito más espiritual, renueva los otros seis hábitos.

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